54. No fue tu belleza lo que me atrapó
Con su mirada, comenzó a buscar a su esposo por el lugar. Nada, no estaba ahí. ¿Entonces, por qué la había citado en el jardín?
—¿Y Rhys? —preguntó. No acostumbraba a llamarlo príncipe, ni delante de los empleados—. ¿No iba a esperarme aquí?
—Tengo entendido que sí —respondió la mujer, con una expresión de confusión—. Debe haberse ocupado con algunos asuntos, alteza.
Los empleados sabían muy bien que los asuntos reales surgían a cualquier hora del día y que de repente el príncipe se ocupaba. No