30. La princesa no es lo que aparenta
Anastasia había optado por mantener la boca cerrada. El malestar regresó con más fuerza, ya que la falta de oxígeno en sus pulmones no había desaparecido.
Posiblemente fue la comida lo que la hizo sentir mareada, y con ese vestido ajustado a su cintura, aumentó esa sensación desagradable.
—Anastasia, ¿estás bien? —preguntó nuevamente el príncipe, usando el mismo tono que la primera vez.
Realmente estaba muy preocupado por ella y no entendía cómo seguía negando su mal estado.
—Sí —dijo Anastasia