16. Retomando el plan
—No es culpa tuya—, le dijo la reina a Gisal.
La princesa Gisal había llegado al palacio al día siguiente, muy temprano por orden de la reina. De manera discreta, la reina le pidió que llegara como cuando iba a visitarla. Aunque para la mayoría de las personas que trabajaban y vivían allí, verla en ese lugar después de tanto tiempo les pareció extraño.
—Claro que es culpa mía—, se quejó ella. —Me tardé en llegar a ese club, si no me hubiera distraído antes…
—Los ‘hubieras’ no existen, querida—