Mundo ficciónIniciar sesiónDespués unos instantes, ninguno de los dos volvió a decir una sola palabra, el silencio no resultaba incómodo. Todo lo contrario, era la clase de silencio que nace cuando dos desconocidos empiezan a dejar de serlo.
Alex observó a Emily unos segundos antes de acercar lentamente la silla de ruedas a su escritorio, abrió uno de los cajones, sacó una carpeta negra de cuero y la dejó sobre la mesa con cuidado. —Bueno, creo que ha llegado en momento. —Emily dirigió su vista al documento y respiró hondo. Nunca imaginó que una simple firma pudiera cambiar por completo su vida, Alex abrió y el documento y se lo acercó. —Es el contrato, puedes leerlo tranquilamente. — ella lo miró. —Pero solo habrá reglas, lo que hemos hablado. — ella asintió. —Solo quiero hacerte una última pregunta. —¿Cuál? —él sostuvo su mirada. —¿Estás completamente segura? — Emily sonrió con amabilidad. —Si. — Alex permaneció en silencio. —No quiero que en unos meses, pienses que te obligué. — Ella negó despacio. —Nadie me está obligando a nada, he tomado está decisión porque quería hacerlo y porque confío en tí. — aquellas palabras volvieron a desarmarlo. Alex inclinó ligeramente la cabeza. —Entonces... no tengo nada más que decir. — sacó un estilográfica plateada y lo dejó frente a ella. — cuando quieras. Emily tomó la pluma entre sus dedos, miró por última vez el contrato y después escribió su nombre. Al terminar, dejó escapar un ligero suspiro. Alex acercó el documento hacia él, sin apartar la vista de la firma de Emily. Alex escribió su nombre con un movimiento firme. El silencio volvió a instalarse, ya estaba hecho, el contrato acababa de quedar oficialmente firmado. —Pues ya está, Emily. — ella sonrió. —Supongo que ya no hay marcha atrás. — él dejó escapar una pequeña sonrisa. —Solo si alguno de los dos quiere salir corriendo. — ella negó. —Espero que no seas tú. —Yo esperaba exactamente la misma respuesta. — ambos se rieron suavemente. Alex guardó el contrato bajo llave y después la segunda copia para ella. —Quédatela, podrás leer todo aquí. — Emily lo cogió. —Gracias. —Ahora queda organizar la fecha de la boda. — ella aladeo la cabeza. —¿Cuándo deseas que sea la boda? — preguntó. —Como te dije, mi abuela quiere que sea lo antes posible. — ella asintió. —¿Cómo lo ves en un mes? —la joven abrió sus ojos. —¿Tan pronto? —Si, es pronto. Pero debemos hacerlo antes de que mi familia haya de las suyas. — ella mordió su labio. —De acuerdo... —carraspeó. —¿Tengo que mudarme? —Si, Emily. — ella asintió soltando un suspiro. —Vale... ¿te parece bien el sábado? — él sonrió. —Quiero estar con mi madre antes de... bueno. —Por supuesto, pasa tiempo con tu madre. —Pues... futuro esposo, ha sido un placer conocerte y ser parte de este matrimonio. — Alex sonrió por cómo lo llamó, pero le gustó. —El placer ha sido mío, futura esposa. — estrecharon sus manos. —Este es mi número, llámame cuando quieras y así también te tengo guardada. — ella cogió su tarjeta. Ella se fue y Alex se quedó mirando aquella puerta unos segundos, con una sonrisa de bobo que no podía borrar. Su abuela tenía razón, Emily era encantadora, con un buen corazón. La había encantado estar con ella, conocerla. Su sonrisa no se borraba, siempre sonreía. Fue hacía el ventanal observó a la joven. —Si, Emily será una gran esposa. — susurró para si mismo. Después de un rato, la puerta del despacho de abrió y cuando Alex giró la cabeza, se encontró con su abuela. Ella entró y con una sonrisa caminó hasta el y se sentó frente a él en aquel sofá. —¿Que te pareció? — preguntó curiosa. —Abuela, por favor. —¡Qué! Sólo quiero saber, cariño. —Pues bien, tenías razón, es encantadora y risueña. — respondió. —Es perfecta, abuela. —Si, lo sé. —sonrió. —Vi como se miraban, era como si nadie existiera en ese momento. — Alex bajó la cabeza. —Me encantó que os llevéis bien. —Gracias, abuela. — ella negó. —Ella se mudará el sábado, así se verá todo más creíble. —Genial, cariño. —le cogió de la mano. —Estoy segura que tendrán un matrimonio lleno de felicidad. Alex la observó con los ojos entrecerrados, con una sonrisa ladina. —Abuela, se que lo habías planeado todo. — ella miró fingiendo inocencia. —Sé que tú querías que Emily fuese mi esposa, sabías que Emily me gustaría. —Solo quiero que seas feliz, que tengas a alguien a tu lado, alguien como ella. — le sonrió. —Emily es de esas personas que interpone tú felicidad, antes que la suya. —¿Sabes de que tengo miedo? — ella negó. —Que intenten hacerle daño, que la borren esa dulce sonrisa. — mordió su labio. —Si me entero que la hacen daño, seré capaz de cualquier cosa por protegerla y hacerles entender, que ella es la única señora de esta casa. —Cariño, eso dice mucho de ti. Pero no te preocupes, Emily tiene carácter. Es encantadora, pero odia las injusticias y puede sacar ese carácter cuando ve algunas injusticias. — él sonrió con admiración. No sabía por qué, pero escuchar aquellas palabras le transmitía una tranquilidad que hacía tiempo que había perdido. —Entonces... creo que no he podido conocer a una mujer mejor. — Beatrice soltó una pequeña sonrisa. —Ni ella a un hombre mejor, aunque todavía no lo sepa. — Alex negó con una sonrisa. —No exageres, abuela. —No exagero, conozco a mi nieto mejor que a nadie. —La anciana se levanta del sillón y caminó lentamente hasta el ventanal del despacho. La lluvia seguía cayendo sobre Londres, apoyó su mano sobre el cristal mientras contemplaba el jardín. —¿Sabes que vi cuando os presenté? —¿Qué viste? — Alex la observó. —Dos personas heridas. — el frunció el ceño. —Emily no está herida. — Beatrice giró despacio la cabeza. —Si lo está. — Alex permaneció en silencio. —Ha renunciado a muchos sueños para cuidar de su madre, ha trabajado desde muy joven para que a Laura nunca le faltaran sus medicinas. Ha aprendido a sonreír incluso cuando la vida no le daba motivos para hacerlo. — las palabras de su abuela hicieron que Alex bajara la cabeza. No conocía apenas a Emily y, sin embargo, sentía una enorme admiración por aquella joven. —Es una buena mujer... — murmuró. —Es mucho más que eso. — Beatrice volvió a acercarse a su nieto. —Emily nunca te verá como un hombre en una silla de ruedas, te verá como alexander y eso es lo que realmente necesitas. — el permaneció en silencio y después dejo escapar un profundo suspiro. —Espero estar a la altura. — la anciana sonrió con ternura. —Lo estarás, porque ya has empezado a preocuparte por ella. — Alex levantó la vista. —¿Tan evidente es? — Beatrice se carcajeó. —Muchísimo, desde que he salido por esa puerta no has dejado de mirarla. — el abogado sonrió con cierta vergüenza. —Solo quería asegurarme de que llegara bien. —Claro... y yo nací ayer. — ambos rieron. Aquella risa llenó el despacho de una calidez que hacía semanas no se respiraba en la mansión Whitmore. Beatrice apoyó una mano sobre el hombro de su nieto. —Hace mucho te veía reír así. — Alex miró hacia la ventana, las gotas resbalaban lentamente por el cristal. Sin darse cuenta, recordó el momento en que Emily estrechó su mano. Era un gesto sencillo, pero no había sentido lástima, ni incomodidad. Sólo cercanía, solo respeto y eso había conseguido desarmarlo por completo. —Abuela... —Dime. —Voy a protegerla. — Beatrice sonrió. —Lo sé... —No dejaré que mi familia la humille, ni la hagan sentir menos. Desde el momento que sea mi esposa, será una Whitmore y quien quiera enfrentarse a ella... tendrán que hacerlo primero conmigo. — los ojos de su abuela, comenzaron a humedecerse. Aquellas palabras eran exactamente las que esperaba escuchar, se inclinó y besó la frente de su nieto. —Tu abuelo estaría orgulloso de ti. — Alex cerró sus ojos durante unos segundos. Hacia años que nadie pronunciaba esas palabras, cuando volvió a abrirlos, una determinación absoluta brillaba en su mirada. —Voy a recuperar mi vida, voy a volver a caminar y voy a recuperar el control de mi empresa. Pero sobretodo... voy a hacer que Emily nunca se arrepienta de haber confiado en mi. — Beatrice sonrió con emoción. En ese momento comprendió que, sin darse cuenta, Emily ya había empezado a cambiar el corazón de su nieto.






