La puerta del comedor se cerró detrás de ellos, durante unos segundos, ninguno de los dos dijo una palabra.
Emily caminaba lentamente junto a Alexander por el largo pasillo de la mansión. Las luces cálidas de las lámparas iluminaban las paredes, pero ella apenas prestaba atención a nada.
Seguía pensando en lo ocurrido, no esperaba que aquella cena terminara así, mcho menos que Alexander la defendiera delante de su familia.
Al llegar al salón, Alexander se detuvo.
—¿Estás bien? —Emily levantó la