La mañana siguiente amaneció gris.
La lluvia había desaparecido, pero el cielo seguía cubierto por una espesa capa de nubes que apenas dejaba pasar la luz.
Alex llevaba más de una hora trabajando desde el despacho, sobre la mesa descansaban varios expedientes abiertos. Aunque apenas había leído dos páginas.
Su mente seguía recordando la sonrisa de Emily, aquella muchacha había conseguido algo que nadie lograba desde hace semanas. Hacer que olvidara, aunque solo fuera durante pocas horas.
—Ade