A la mañana siguiente, Emily despertó con una sensación extraña, lo sabía exactamente que era.
Quizá inquietud, quizá la conversación que había mantenido con Alexander, la noche anterior seguía rondando en su cabeza.
Había algo diferente entre ellos, algo que ninguno de los dos se atrevían a nombrar.
Emily se incorporó lentamente en la cama y miró hacia la ventana, el cielo de Londres estaba cubierto de nubes y una fina lluvia golpeaba los cristales.
Por alguna razón. Recordó las palabras de