Hudson Toscani
—¿Me puedes explicar por qué demonios te quieres ir a la guerra por una mujer que claramente no vale la pena?
Esas fueron las primeras palabras de Nial al entrar en mi despacho. Él era mi hermano, uno que claramente no quería y con el que no compartía sangre, pero que tenía que aceptar porque era hijo del hombre que me había adoptado aun cuando era un ruso al que todos odiaban.
Su cabello muy diferente al mío era rubio y sus ojos de un chispeante café que me miraban molesto.
—Vue