—Shawn, ahora soy una mujer casada. Mi marido y yo ya tenemos licencia matrimonial. Es cierto que nos casamos rápidamente sin conocernos muy bien, pero ya nos hemos cogido cariño y no voy a ser infiel a mi marido.
—Si te empeñas en introducirte entre mi marido y yo para destruir nuestra convivencia familiar, haciendo que siempre tengamos disputas y malentendidos, esto equivale a que consumas la pasada amistad entre tú y yo y hagas que te guarde rencor y, naturalmente, nos convirtamos en enemigos