Camelia se rió y dijo a Arlo, —Arlito, lo siento mucho, pero ahora no puedo abrazarte. Puedes juegar un rato con el juguete.
Arlo refunfuñó descontento a Camelia.
—Ay, pequeño, ya sabes protestar con refunfuños.
Camelia no tuvo más remedio que liberar un brazo para rodear la cintura de Arlo y levantarlo.
Una vez levantado, Arlo vio a Ruby sosteniendo el juguete y extendió la mano para arrebatárselo posesivamente.
Ruby apretó el juguete con fuerza, negándose a dejar que su hermano se lo quitara.