Sandra pensó que su matrimonio también era un desastre. Había obligado a su marido a cortarse el pene y, aunque ya no tenía que preocuparse de que la engañara, el vínculo entre ellos estaba roto.
Sabía muy bien cuánto la odiaba su marido.
Su marido también sabía muy bien que ella no podía perdonarle su traición.
Era demasiado vieja para divorciarse y le bastaba con solucionar a Enrique.
En su terreno, ella tenía la suficiente confianza y los medios para controlar a Enrique.
Por eso llevaban déca