Aunque Thiago sabía que sus hermanas no se llevaban bien, llamó a Isabela.
Isabela estaba paseando con la anciana para disfrutar de las flores cuando recibió la llamada.
Se detuvo bajo un árbol y respondió a la llamada de su hermano.
Las flores de las ramas más bajas florecían justo delante de sus ojos, y podía tocarlas si levantaba la mano.
Después de diez años viviendo en la oscuridad, había olvidado el color de las flores.
Tras recuperar la vista y ver aquellas flores en la florería, Isabela