Al ver que Felix seguía sin estar muy contento, Dalia se culpó: —Es culpa mía por no aprender bien a cambiar la voz cuando me oía. Pero me contuve de enloquecer cuando me estaba poniendo a prueba.
Isabela debía de probarla con lo que le decía.
—Tu autocontrol es malísimo —habló Felix con frialdad .—Si no te avisaron a marchar, te habría reconocido Isabela.
Dalia abrió la boca para intentar defenderse, pero no pudo decir nada al encontrarse con la escalofriante mirada de Felix.
Isabela se sintió