Fue entonces cuando vino alguien.
Fueron los trabajadores de la villa.
Trajeron sillas para que las dos trabajadoras se sentaran, y también algo de comer.
—La señora nos pidió que os trajéramos sillas y la comida, y también afirmó que como vigiláis aquí se os pagará un día de salario por cada hora que pase.
Las dos sonrieron y dijeron: —Qué bien, es nuestro placer.
Trabajaban en los campos al pie de la montaña y estaban ocupadas todos los días, eran bastante fuertes y les resultaba fácil tratar