Tras unos instantes de silencio, Dalia dijo a sus dos tías: —No tengo adónde ir, si no os molesta, comeré aquí con vosotras y esperaré a que vuelvan mis primos, les pediré que me acompañen de vuelta para que me ayuden a matar a los perros que tenía la ciega. Os daré el beneficio de la duda cuando vuelva a casa.
—Genial, que quédate aquí, cena y luego te acompañan de vuelta cuando salgan del trabajo.
Al oír a Dalia decir que no las trataría mal, Serafina y Eulalia invitaron entonces con entusiasm