Giselle intentó defenderse, pero al ver la cara seria de su madre, optó por agachar la cabeza y disculparse.
—Mamá, lo siento, esta vez es la culpa mía.
Dio dos pasos hacia delante y cogió cariñosamente el brazo de Sandra, haciendo mimos y diciendo: —Mamá, perdóname, no te enfades, ¿vale? Es sólo que me gusta tanto el señor Lucas, ya he tenido que competir con bastantes mujeres, y ahora ha aparecido de repente un Kevin.
—Las mujeres no podemos acercarnos a Lucas, pero Kevin sí, y los guardaespal