Savana
Toda la atención de los presentes se centró en él.
Todo ocurrió tan de repente que la escena entera quedó sumida en un silencio atónito.
Me quedé allí, incapaz de moverme. Incluso las yemas de mis dedos se sentían entumecidas por la tensión que impregnaba el ambiente.
Entonces se escuchó el estruendo de un puñetazo al impactar, seguido de inmediato por el grito de Gilbert.
—¡Bastian! ¡Soy yo!—
—¡D-Detente, Bastian!—
La situación no hizo más que volverse aún más tensa.
Los gritos no cesar