Damian estaba junto a la ventana de su dormitorio, con el teléfono pegado a la oreja y las luces de la ciudad parpadeando como fuegos distantes. Tenía la mandíbula apretada y la mano libre apretada en el bolsillo.
“¿Y qué si es un contrato?” La voz de la abuela Eleanor llegó firme y despreocupada. “¿Desde cuándo la familia Cross empezó a explicar sus vidas a extraños?”
Damian exhaló lentamente. "Abuela... sabes que no temo a nadie. La opinión pública nunca me ha importado". Hizo una pausa y