Aria no recordaba cómo salió de la oficina.
Solo sabía que en un momento estaba mirando la pantalla, toda su vida reducida a viñetas y números filtrados, y al siguiente se estaba moviendo, caminando rápido, sus tacones golpeando fuertemente contra el piso de mármol mientras los susurros la perseguían por el pasillo.
“¿Lo viste?” “¿Cinco años?” “¿Entonces era falso?” “Ella se vendió—”
Cada palabra se sintió como una bofetada.
Las cabezas se giraron cuando pasó. Las conversaciones murieron abrup