El día siguiente
Vivienne supo que algo andaba mal en el momento en que entró en la sala de juntas del Grupo Carter.
El aire era diferente. Pesado. Nada de charlas casuales. Sin sonrisas falsas. Sólo espaldas rígidas, mandíbulas apretadas y pantallas ya iluminadas con titulares que aún no había abierto pero que podía sentir en sus huesos.
Tomó asiento lentamente. “¿Por qué me convocan a una reunión de emergencia de la junta directiva?” preguntó, manteniendo su tono firme.
Nadie respondió de i