Aria no fue directamente a su habitación.
Se quedó en el pasillo por un momento, con la espalda contra la pared, presionando una mano contra su pecho como si eso pudiera calmar los latidos de su corazón. Sus labios todavía hormigueaban. Su mente repitió la forma en que su voz se había suavizado, la forma en que su mano había acunado su rostro como si fuera algo frágil... algo precioso.
Se suponía que esto no debía suceder.
No así.
No tan rápido.
Inhaló profundamente, cuadró los hombro