Domingo le echó un vistazo, jugueteó con el juego de té que tenía entre las manos con calma, preparó una taza y se la sirvió en una tacita.
Polo se levantó y se acercó a la ventana, dando la espalda a su abuelo, y preguntó con indiferencia: —¿Hermano, qué quieres decir?
—Nada especial, solo...
Diego se detuvo a mitad de la frase, deliberadamente.
Lo único que quedó al otro lado de la línea fue una mueca de desprecio.
—Hermano, si no hay nada importante, mejor hablamos en otro momento —Polo resop