Ivy se ofrece para interferir la señal. Casi muere en el proceso.
Me di cuenta de que Ivy había tomado la decisión antes incluso de que la formulara en voz alta, porque su presencia dentro de la red cambió de un modo demasiado sutil para pasar desapercibido. No fue un aumento de actividad ni una señal de alarma evidente, sino un ajuste mínimo, casi elegante, una corrección microscópica en su patrón habitual de interacción, como si hubiera alineado cada uno de sus procesos internos para un único