Fuera de la villa Valenzuela, Alba, desde temprano, supo del paradero de Santiago a través de su tía y no pudo esperar para llegar a la Villa Valenzuela.
No le interesaba el funeral en lo absoluto, pero no le importaba utilizarlo como excusa para acercarse a Santiago.
En el interior del lujoso auto, Alba, vestida con un largo vestido negro, se aseguró de que su maquillaje especial estuviera impecable, se puso sus gafas de sol y salió del auto.
Observó a su alrededor y una pizca de decepción cruz