Aitana, cuyas manos y pies habían sido atados, no sabe cuándo, pero de repente se encontró liberada. En un instante, comenzó a desgarrar la ropa del hombre frente a ella.
—Aitana, ahora mismo, estás realmente apasionada.
El hombre se quitó la máscara, revelando su rostro. Aunque estaba más demacrado que antes, su identidad seguía siendo reconocible.
¡Noah Rodríguez!
Lo observaba fríamente, a ella, que hasta hace un momento lo había repelido con todo su ser, mostrando un desprecio extremo. Ahora,