Si Don Mendoza no estuviera loco, ¿cómo es que le hablaba de una boda?
Cuando su esposo le hablaba de una boda, su corazón se llenaba de expectativa, pero cuando Don Mendoza lo hacía, se sentía como si el diablo mismo la hubiera poseído.
Valentina tragó saliva, mirando el hotel frente a ella, sin atreverse a quedarse ni un momento más antes de dar media vuelta y tomar un taxi para volver a Villa de Los Pinares.
Mientras tanto, en el restaurante, la sonrisa en el rostro de Santiago se congeló.
Va