La voz de Aitana, ni alta ni baja, llegó a los oídos de Valentina, quien casi creyó haber oído mal. ¿Cómo podría Aitana estar en la Villa Valenzuela? Ignoró el llamado, pero Aitana insistió:
—Hermana...
Valentina frunció el ceño y, al girarse lentamente, vio a Aitana detrás del sofá, con el ceño también fruncido. Valentina tenía una aversión instintiva hacia Marc y la familia de Aitana, por lo que su presencia en la Villa Valenzuela la puso automáticamente en guardia.
—¿Qué haces aquí? —preguntó