Marc estaba a punto de explotar de ira. Valentina no le había dejado ni un ápice de consideración, pero no estaba dispuesto a renunciar tan fácilmente a la fortuna que representaba la familia Valenzuela.
—¡Maldita Valentina! —Marc no pudo evitar maldecir una vez más.
¿Acaso debía rendirse tan fácilmente? Marc volvía a pensar en Estrella, convencido de que si Valentina estaba dispuesta a pagarle cien millones de dólares por una difunta como Estrella, entonces podría presionarla nuevamente para qu