A pesar de su búsqueda incansable por todos lados, Alonso no lograba encontrar a Valentina.
—¡Sinvergüenza Santiago Mendoza!
Alonso maldijo entre dientes, lleno de ira, mientras marcaba de nuevo el número de Santiago, sin obtener respuesta.
En ese momento, Santiago, ya en el coche con Valentina, se dirigía satisfecho hacia la Villa de Los Pinares. El teléfono no dejaba de sonar. Valentina, incapaz de soportarlo más, sugirió:
—¿No vas a contestar?
Sin necesidad de mirar, Santiago sabía quién llam