Silvia, en su lado, sólo recibió una disculpa de él, pero se aseguró de que el mejor médico la atendiera.
Lucas, sumido en sus pensamientos, notó que el cigarrillo en su mano se había consumido por completo. Lanzó la colilla al basurero y se giró para volver a ver cómo estaba Ana.
Ana no había comido nada y estaba tumbada en la cama, aparentemente dormida.
—Lucas suspiró, se sentó al borde de la cama y comenzó a arreglar delicadamente los mechones de cabello suelto de Ana. Su mano grande acaric