Este hombre, quien poseía el poder de decidir sobre la vida y la muerte, tenía a su merced a ella, incapaz de resistir sus demandas.
—¿Recuerdas lo que prometiste antes? Dijiste que sin importar lo que sucediera, siempre confiarías en mí, que nunca me cuestionarías. ¿Lo has cumplido?
La mirada de Ana se dirigió directamente a los ojos de Lucas.
Lucas, algo incomodado, tardó un momento en responder, como si le costara enfrentar su mirada.
—Ana, come algo primero. Si no quieres verme, saldré.
Dic