Al despertar a la mañana siguiente, Lucas sintió un cosquilleo en el brazo. Abrió los ojos y se dio cuenta de que era el cabello despeinado de Ana, que había caído sobre su piel, causándole esa sensación. El hombre se llenó de una satisfacción indescriptible, como si hubiera pasado una eternidad desde que había experimentado algo así, viendo a Ana durmiendo en sus brazos.
Lucas no se atrevía a moverse, temiendo que Ana despertara. Así que se mantuvo en la misma posición, hasta que su brazo y su