Ana se tocó el lugar donde Teresa le había dado un pequeño golpe. No había fuerza en la mano de Teresa; todo era en tono de juego. Pero, de cualquier manera, eso hacía que Ana se sintiera cálida por dentro.
—No te preocupes, mamá, no soy tan tonta como para desaprovechar todo lo que me has enseñado.
Teresa le respondió con un sonido afirmativo y le pasó a Ana la bolsa que había preparado. Ana la recibió y se sentó en el asiento del copiloto.
—Primero vayamos al hospital para ver cómo está ella,