Cuando Lucas abrazó a Ana, ella se sobresaltó y gritó involuntariamente, sujetándose al cuello de Lucas para mantener el equilibrio de su cuerpo.
Lucas, al ver la cara pálida de Ana, solo encontró la situación divertida, y la llevó en brazos a grandes zancadas hacia la puerta.
Ana finalmente reaccionó:
—¿Qué estás haciendo? No soy tan frágil, puedo caminar sola. Bájame.
Lucas sonrió con una mueca.
—Tu madre me ha encomendado que te cuide bien, así que no hace falta que te encargues de esto, yo m