La última frase que Ana le dejó a Lucío fue tan fría, sin un rastro de calidez. Sin embargo, en sus sueños, ese hombre aún era tan tierno. Ana soltó una risa helada y desgarradora. Había causado la muerte de la persona que más la quería en este mundo. Por mucho que se arrepintiera, era irreparable.
Ana se encogió en sí misma, y justo cuando estaba inmersa en un profundo remordimiento del que no podía liberarse, su teléfono móvil que yacía a un lado comenzó a sonar. Al escuchar el sonido, Ana tod