Ana despertó abruptamente, congelada de frío, después de ser secuestrada y lanzada al suelo. Una cubeta de agua helada la despertó, vertida desde la cabeza hasta los pies.
Aunque el clima no era particularmente frío, la ropa de Ana rápidamente se empapó y una ola de frío le causó un dolor tan agudo que abrió los ojos. Lo que Ana vio fue un antiguo y desolado complejo de fábricas químicas, abandonado desde hace mucho tiempo. Los muros a su alrededor estaban en ruinas y había roedores merodeando.