Por primera vez, Ana admiró la caradura de Lucas. No esperaba que, para hacerla venir, él pudiera provocar tantos problemas.
Al ver a Ana parada allí, inmóvil por un largo tiempo, Lucas frunció el ceño.
—Puf, me siento mareado, ¿tendré fiebre? Mi herida también me duele mucho...
En su interior, Ana no pudo evitar una risa fría. Que siga fingiendo.
La enfermera ya lo había dicho, solo tenía una fiebre ligera, nada grave. Este hombre solo estaba exagerando su situación para ganar su simpatía.
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