Lo que era aún más molesto era su corazón. Después de todo, ella se había convertido en la mala mujer de todos, con una conducta desordenada.
Aunque la verdad no era así, nadie creería en su inocencia.
Pero Ana López todavía soportó la injusticia y dijo: —Señor Hernández, parece que te preocupa demasiado mi vida privada. Acláralo, solo tenemos un contrato entre nosotros. Si mi presencia te molesta tanto, estoy dispuesta en cualquier momento a hablar con Hugo Hernández y ceder mi posición.
Ana Ló