Lucas Hernández conducía a gran velocidad por la carretera, el viento aullante soplaba a través de la ventana abierta, pero no podía disipar la sombra que cubría la cara del hombre.
Al pensar en la reacción de rechazo de Ana López, y la expresión de disgusto, Lucas Hernández pisó el freno con fuerza y golpeó el volante con el puño.
Pasado un rato, Lucas Hernández sacó su teléfono móvil y llamó a su buen amigo Sebastián Alejandro. —Vamos a reunirnos, yo invito.
Sebastián Alejandro estaba sorprend