Por un instante, Ana no pudo asimilar lo que estaba sucediendo. ¿Qué demonios pasaba? Finalmente había terminado la tarea que él le había asignado, y ahora, ¿él tenía una trampa aún más grande esperándola? Los otros empleados de la empresa comenzaron a prestar atención.
El director no cedió y dijo con desdén:
—Con todo ese texto, ¿cómo es posible que tú sola lo hayas traducido en una noche? Seguro que pediste ayuda, permitiendo que extraños vieran los archivos confidenciales de la empresa. Eso e