Después de caer al mar, Ana quedó con la mente completamente en blanco, incapaz de creer que ese hombre la hubiera empujado directamente al agua. Lo único que le daba cierta paz era su habilidad para nadar. Ana se esforzó por mantener la calma y lentamente encontró su equilibrio en el agua.
Pero el agua del mar durante la noche era helada y cortante, rápidamente sintió como su cuerpo se entumecía. Si continuaba así, no resistiría mucho tiempo. No le quedó otra opción más que gritar pidiendo ayud