En cuanto Lucas vio a Javier, se apresuró a abrazarlo y sacarlo de allí.
—Srta. Adelina, por favor, cuide esto para mí, no deje que se emocionen demasiado y causen un problema —le pidió Lucas, luego de lo cual salió llevando a Javier en brazos.
—¿Por qué me detienes? ¡Debo golpearlo! ¿Cómo pudo hacer algo así?
Javier, aunque estaba en brazos de Lucas, no quería quedarse quieto; sus pequeñas piernas no dejaban de patalear, luchando como un pez recién sacado del agua.
Para Javier, no había nadie e