El repentino colapso de José dejó a todos desconcertados. Ana rápidamente abrazó a José y le preguntó ansiosa:
—José, ¿qué te pasa de repente? Calma, háblale a mamá.
Jose apretó fuertemente la ropa de Ana, y finalmente levantó la mirada, sus hermosos ojos negros estaban cubiertos por una capa de tristeza y culpa.
—Mamá, el virus en tu cuerpo es por mi culpa, ¡yo lo causé!
Jose finalmente decidió revelar el secreto que había guardado en su corazón.
Si no lo decía, viviría con la culpa y el arrepe