Ana había pensado decir: "¿Acaso no tienes manos?", preguntándose por qué él necesitaba su ayuda para secarse el cabello. Después de todo, no era la sirvienta de la familia Hernández. Sin embargo, al observar el rostro de Lucas, notó su evidente agotamiento, muy diferente de su energía y vitalidad habituales. Parecía como si hubiera agotado todas sus fuerzas. Probablemente, si no hubiera estado tan cansado, no se habría quedado dormido en la bañera.
Ana reprimió las ganas de replicarle. Además,