Lucas la miró.
—¿Todavía no duermes? —preguntó Ana, con valentía.
Ella se tumbó al borde de la cama, tratando de mantener la mayor distancia posible con Lucas. Sin embargo, al momento siguiente, el cuerpo de él se acercó. Ana se tensó un poco y estaba a punto de decir algo, pero la mano cálida de Lucas se posó en su vientre.
A través del tejido del pijama, le llegó una tenue calidez que tranquilizaba.
—Está bien, duerme —dijo Lucas con voz suave.
Ana se quedó atónita. Había pensado que Lucas qu