Lucas también sintió la suave y delicada mano de la mujer presionando su muslo desnudo, una sensación ambigua e inexplicable. El vestido de Ana estaba empapado, y se pegaba a su piel, delineando unas curvas tan perfectas que resultaban difíciles de ignorar. La respiración del hombre se volvió más pesada.
Ana sintió un peligro inexplicable acercándose, como si fuera una presa expuesta frente a una bestia.
—Lo siento, no fue intencional. —Mientras hablaba, Ana retiró rápidamente su mano como si h