Lucas de repente sintió un inexplicable vacío en el pecho, una abrupta realización de que él y Ana parecían haber llegado a un punto sin retorno en su relación.
Anteriormente, Ana solía llorar, implorándole que creyera en ella. Ahora, no parecía querer hablarle ni una palabra más.
Un sentimiento de pérdida inminente, más fuerte de lo que alguna vez había experimentado, lo invadía.
Al observar la mirada de Lucas, Ana no pudo evitar sonreír.
—¿Qué tiene de qué preocuparse este hombre? Lo tiene