Ana sostenía el brazo del doctor con la mano, dejándola caer desanimada. Sabía perfectamente que si el doctor decía algo así, las posibilidades de que su madre despertara eran extremadamente escasas.
El doctor la observó y solo pudo consolarla de forma rutinaria:
—Sin embargo, no deberías perder toda esperanza. Cuídala bien, al menos aún puede estar a tu lado. Quién sabe, quizás la medicina avance significativamente en el futuro y pueda mejorar.
Al escuchar esto, Ana, aunque dolida, asintió y mi