Luella no se escondió, dejó que Ana le golpeara. Después de todo, ella no decía nada incorrecto. Gran parte de la razón por la que enfrentaba este tipo de situación era debido a las malas acciones que él había cometido. Si ese era el caso, recibir un golpe era merecido.
Ana parecía incansable, abofeteando a Luella una y otra vez. El hombre no esquivaba ni se apartaba. El conductor al frente observó la escena y soltó una risa burlona. "Ahora que te han descubierto, empiezas a lamentarte. Pero ya