Ana avanzaba paso a paso hacia el interior del bosque. Aunque era por la tarde, el ambiente irradiaba una siniestralidad indescriptible. Los árboles, que habían crecido de forma natural, eran tan altos que obstruían la luz solar casi por completo.
Por eso, apenas había caminado unos pasos cuando Ana sintió un escalofrío inenarrable; no pudo evitar estremecerse. Ella no tenía experiencia en excursiones al aire libre, pero la presencia del alto castillo le proporcionaba una dirección a seguir.
Des